¡Envejecemos como hemos vivido!

El estilo de vida que llevemos a lo largo de nuestra vida tiene una relación directa y fundamental con la salud general y también con nuestro futuro envejecimiento. Cuando uno es joven la salud no suele ser un valor principal, ¡la tenemos toda! Pero sabemos que los beneficiones de los comportamientos saludables son a largo plazo. A lo largo de nuestra vida vamos generando hábitos (sedentarismo, ingerir muchas grasas, el tabaco, uso inadecuado del alcohol) que a corto plazo son gratificantes y cuya consecuencias perniciosas no aparecen hasta pasados unos años. Algunos hábitos que durante la juventud no nos afectaban, al producirse el paso del tiempo, nos van influyendo perjudicialmente.
Cuanto antes adquiramos estilos de vida activos y saludables, mejor será nuestra salud y mejor envejeceremos el día de mañana. Pero salvo grandes enfermedades y dependencias, nunca es tarde para cambiar hábitos. Las personas mayores tienen más necesidad aún de adquirir estilos de vida asociados a un envejecimiento satisfactorio. Deben de incorporar en sus hábitos comportamientos, pensamientos y emociones que les haga vivir esta etapa con el mayor grado de bienestar y salud posible. Salvo grandes patologías, nunca es tarde para el crecimiento personal y siempre se pueden compensando algunos declives que se hayan podido producir con el paso de los años.



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