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La vertiente social del ser humano y su percepción ha sido reconocida desde la psicología como una de las variables básicas del desarrollo y que en el caso de la vejez puede convertirse en uno de los facilitadores del denominado envejecimiento con éxito. De este modo, el análisis y relación de los elementos sociales que rodean el desarrollo óptimo necesariamente debe pasar por el conocimiento de los apoyos que las personas mayores reciben, ya que este apoyo influye directamente en el bienestar general. 
Según el modelo de Berkman y Glass (2000) sobre relaciones sociales y salud las características de las redes y del apoyo social se consideran como características contextuales del individuo, que actuarían como antecedentes en el proceso de discapacidad y como factores externos que modularían ese proceso. Los sentimientos de inutilidad y la no participación en actividades sociales pueden estar asociados a un bajo nivel funcional (Grand, Grosclande, Bocquet, Pous y Albarede, 1988), aunque en general, y la práctica lo confirma, existe una gran heterogeneidad en estas trayectorias de incapacidad. En este sentido el trabajo de Meléndez, Tomas y Navarro (2011) muestra correlaciones altas y negativas entre la valoración funcional y las relaciones con los demás, elementos que al ser analizados tomando la valoración funcional tanto de forma cualitativa como cuantitativa corroboran la existencia de diferencias significativas. 
Desde un punto de vista positivo de la relación entre estas variables, otros estudios ponen de manifiesto que una vida social activa, con unas buenas redes sociales y con actividad en la comunidad, protege de la mortalidad y predice el mantenimiento de la capacidad funcional (Mendes de León, Glass y Berkman, 2003) y de la función cognitiva (Bassuk, Berkman y Glass, 1999; Fratiglioni, Wang, Ericsson, Maytan y Winblad, 2000 y Holtzman et al., 2004). Del mismo modo, dos estudios realizados en el norte de Europa (Dinamarca y Finlandia) describen que la diversidad de contactos sociales y relaciones sociales y la alta participación social predice el mantenimiento de las ABVD (Avlund, 2004a, 2004b).



Fuente: http://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/26298/envejecimiento%20y%20bienestar.pdf?sequence=1

Día Internacional de las Personas de Edad


Naciones Unidas designa el 1 de octubre como el Día Internacional de las Personas de Edad. Te dejamos a 8 famosos que lograron éxito entrados en años. Como escribió Platón: "la madurez comienza a los 60 años". ¿Quieres saber quienes forman esta lista?

1. MORGAN FREEMAN. Este actor estadounidense nació en 1937, pero no fue hasta la década de los 80 cuando logró tener éxito en la gran pantalla. En 1987 fue nominado al mejor actor de reparto por 'El reportero de la calle 42' a sus 50 años. Ganó en 2004 la ansiada estatuilla dorada por la película 'Million Dollar Baby' dirigida por Clint Eastwood (un exitoso veterano de 84 años) a los 67 años.
2. GEORGE R.R. MARTIN. Es el autor que está en pleno apogeo gracias a su creación 'Juego de Tronos' y que publicará el próximo día 28 el nuevo libro de la saga a sus 66 años.

3. SUGAR MAN. Este es el nombre artístico de Sixto Rodríguez, protagonista del documental 'Searching for Sugar Man' que logró el prestigioso Óscar en 2013.

Sugar man es un cantautor norteamericano que fracasó en los años 70 para transformarse en una estrella internacional. Durante muchos años fue una estrella al nivel de Bob Dylan en Sudáfrica (pero los sudafricanos lo creían muerto) mientras que en el resto de el mundo no sabía nada de él ¿Quién dice que es tarde para convertirse en una estrella del rock?

4. JOSÉ SARAMAGO. Este escritor portugués publicó en 1947 su primera novela 'Tierra de pecado', pero su gran éxito lo logró con su gran novela 'Alzado del suelo' (1980) a sus 58 años. A partir de esta obra, Saramago publica sin descanso consiguiendo así consolidarse como un escritor de referencia.

5. WINSTON CHURCHILL. El famoso Primer Ministro Británico del periodo Entreguerras, nació en 1874 y logró llegar al poder en Reino Unido con la edad de 66 años. El 10 de mayo de 1940, se convirtió en Primer Ministro británico, volviendo a la presidencia de nuevo en 1951 hasta que se retiró cuatro años después. Además ganó el Premio Nobel de Literatura el 15 de octubre de 1953.

6. GIUSEPPE VERDI. Este compositor italiano de ópera del siglo XIX fue uno de los más influyentes de su tiempo. De echo, hoy día sigue reuniendo a personas de todas partes del mundo para escuchar sus ya clásicas composiciones. Su obra más conocida fue 'Otelo' que se estrenó el 5 de febrero de 1887, a la edad de 74 años.

7. ALEXANDER FLEMING. Este conocido científico escocés descubrió la penicilina (en 1928) a sus 47 años, un antibiótico extraído de un hongo, por lo que le otorgaron el Premio Nobel de Medicina en 1945.

Hay muchos hombres y mujeres de éxito que consiguen sus logros en una etapa madura de su vida como es el caso de los personajes de la lista, o de Goethe que publicó "Fausto" cuando tenía 80 años, o de Cervantes que escribió la segunda parte del "Quijote" con 68 años... ¿A quién incluirías en esta lista?
Una de las primeras aproximaciones al concepto de dependencia se produce en 1998 desde el Consejo de Europa en su recomendación nº R(98)9 del Comité de Ministros a los Estados Miembros, en el que se define la dependencia como la necesidad de ayuda o asistencia importante para las actividades de la vida cotidiana, o, de manera más precisa, como «un estado en el que se encuentran las personas que por razones ligadas a la falta o la pérdida de autonomía física, psíquica o intelectual tienen necesidad de asistencia y/o ayudas importantes a fin de realizar los actos corrientes de la vida diaria y, de modo 
particular, los referentes al cuidado persona. 
Esta definición, que ha sido ampliamente aceptada, plantea la concurrencia de tres factores para que se pueda hablar de una situación de dependencia: en primer lugar, la existencia de una limitación física, psíquica o intelectual que merma determinadas capacidades de la persona; en segundo lugar, la incapacidad de la persona para realizar por sí misma las actividades de la vida diaria; en tercer lugar, la necesidad de asistencia o cuidados por parte de un tercero.

Esa perspectiva también es coherente con el planteamiento de la OMS y la denominada Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), adoptada durante la LIV Asamblea Mundial de la Salud (Organización Mundial de la Salud, 2001), y que propone el siguiente esquema conceptual para interpretar las consecuencias de las alteraciones de la salud (Querejeta, 2000; Vázquez, Herrera- Castañedo, Vázquez y Gaite, 2006):
 Déficit en el funcionamiento (sustituye al anterior término “deficiencia”): es la pérdida o anormalidad de una parte del cuerpo o de una función fisiológica o mental. En este contexto el término “anormalidad” se usa para referirse a una desviación significativa de la norma estadística (por ejemplo, la mediana de la distribución estandarizada de una población).
 Limitación en la actividad (sustituye al anterior término “discapacidad”): son las dificultades que un individuo puede tener en la ejecución de las actividades. Las limitaciones en la actividad pueden calificarse en distintos grados, según supongan una desviación más o menos importante, en términos de cantidad o calidad, en la manera, extensión o intensidad en que se esperaría la ejecución de la actividad en una persona sin alteración de salud.
 Restricción en la participación (sustituye el término “minusvalía”): son problemas que un individuo puede experimentar en su implicación en situaciones vitales. La presencia de restricciones en la participación la determina la comparación de la participación de un determinado individuo con la participación esperada de un individuo sin discapacidad en una determinada cultura o sociedad.
 Barrera: son todos aquellos factores ambientales en el entorno de una persona que condicionan el funcionamiento y crean discapacidad. Pueden incluir aspectos como, por ejemplo, un ambiente físico inaccesible, la falta de tecnología asistencial apropiada, las actitudes negativas de las personas hacia la discapacidad y también la inexistencia de servicios, sistemas y políticas que favorezcan la participación.
 Discapacidad: En la CIF es un término “paraguas” que se utiliza para referirse a los déficits, las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación. Denota los aspectos negativos de la interacción entre el individuo con una alteración de la salud y su entorno (factores contextuales y ambientales).





Fuente: http://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/26298/envejecimiento%20y%20bienestar.pdf?sequence=1