El ageism, que se ha traducido al castellano como viejismo (Salvarezza, 1998), gerontofobia (Defensor del pueblo, 2000) y edadismo (Montorio, Izal, Sánchez y Losada, 2002) ha sido estudiado en un amplio rango de fenómenos tanto en un nivel individual como institucional. Butler (1969, p. 22) fue el primero que empleó la expresión ageism, definiendo este término como un “proceso de estereotipia y discriminación sistemática contra las personas por el hecho de ser viejas, de la misma forma que el racismo y el sexismo se originan por el color de la piel y el género”. Por otra parte, Hausdorff et al. (1999, p. 1346) se refieren al ageism como “generalizaciones preconcebidas sobre las personas mayores basadas solamente en la edad”.
Aunque el término ageism puede incluir, por su significado, los estereotipos y la discriminación hacia cualquier grupo o individuo en función de su edad, su empleo por los gerontólogos se aplica específicamente a los adultos mayores como grupo y hacia los procesos del envejecimiento humano. Palmore (1990, p. 36) sostiene, en relación con este fenómeno, que “las actitudes y las creencias, las conductasdiscriminatorias y las prácticas institucionales, se relacionan y refuerzan mutuamente, contribuyendo a la transformación de la vejez, de un proceso natural, a un problema social en el cual las personas viejas soportan unas condiciones que les perjudican”.
Por otra parte, se considera que el ageism no es exclusivo del mundo adulto. Así, autores como Isaac y Bearison (1986), que han estudiado el desarrollo de los estereotipos y actitudes de los niños hacia las personas mayores, han demostrado su presencia en los niños desde muy corta edad. Estos autores estudiaron las actitudes de niños de cuatro, seis y ocho años hacia las personas mayores. Este trabajo consistió en hacer que niños de estas edades y adultos de 35 a 75 años, trabajaran por parejas haciendo un puzzle. Las actitudes de los niños hacia los adultos se midieron a través de varios parámetros. Estos iban desde grado de proximidad física que mantenían hacia el adulto, la iniciación del contacto visual, y la duración de dicho contacto, las veces que iniciaban conversaciones y el número de las interacciones verbales. También se tuvo en cuenta el nivel de productividad en la tarea. Los resultados presentaron diferencias significativas en las conductas de interacción de ambos grupos en la mayoría de las conductas que se midieron. También se encontró que el número de respuestas de prejuicio aumentaba entre los cuatro y seis años, y se mantenía estable entre seis y ocho
años. Finalmente, apareció en este estudio que los niños tenían más actitudes de prejuicio hacia las mujeres que hacia los hombres mayores. Esto se manifestó sobre todo en relación con los rasgos de personalidad que eran atribuidos a unas y otros.
Fuente: http://es.scribd.com/doc/236219471/Estereotipos-Negativos-Hacia-La-Vejez-y-Su-Relacion-Con-Variables-Sociodemograficas-Psicosociales-y-Psicologicas
Por otra parte, se considera que el ageism no es exclusivo del mundo adulto. Así, autores como Isaac y Bearison (1986), que han estudiado el desarrollo de los estereotipos y actitudes de los niños hacia las personas mayores, han demostrado su presencia en los niños desde muy corta edad. Estos autores estudiaron las actitudes de niños de cuatro, seis y ocho años hacia las personas mayores. Este trabajo consistió en hacer que niños de estas edades y adultos de 35 a 75 años, trabajaran por parejas haciendo un puzzle. Las actitudes de los niños hacia los adultos se midieron a través de varios parámetros. Estos iban desde grado de proximidad física que mantenían hacia el adulto, la iniciación del contacto visual, y la duración de dicho contacto, las veces que iniciaban conversaciones y el número de las interacciones verbales. También se tuvo en cuenta el nivel de productividad en la tarea. Los resultados presentaron diferencias significativas en las conductas de interacción de ambos grupos en la mayoría de las conductas que se midieron. También se encontró que el número de respuestas de prejuicio aumentaba entre los cuatro y seis años, y se mantenía estable entre seis y ocho
años. Finalmente, apareció en este estudio que los niños tenían más actitudes de prejuicio hacia las mujeres que hacia los hombres mayores. Esto se manifestó sobre todo en relación con los rasgos de personalidad que eran atribuidos a unas y otros.
Fuente: http://es.scribd.com/doc/236219471/Estereotipos-Negativos-Hacia-La-Vejez-y-Su-Relacion-Con-Variables-Sociodemograficas-Psicosociales-y-Psicologicas
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