El adulto
mayor a nivel
mundial ha aumentado significativamente,
debido al aumento de la esperanza de vida. Es por esto que se ha generado un gran interés de la Psicología por esta
investigación; ya que es una etapa del desarrollo del ser humano que inicia a los 60 años y
termina en el momento en el que la persona fallece, y se caracteriza por ser un
periodo de grandes cambios en todas las áreas de funcionamiento (OMS, 2006).
Por lo cual no podemos dejar de lado que en esta
etapa se observan distintos cambios por el cual va pasando la persona; dentro
de las cuales se destacan los trastornos de ansiedad.
Los
trastornos de ansiedad son, como grupo, las enfermedades mentales más comunes,
con una prevalencia alta y cuyos resultados son variables, según diversos
estudios.
Los
trastornos de ansiedad del anciano en general tienen una prevalencia de 5-10%,
siendo los trastornos de ansiedad generalizada y las fobias las más frecuentes.
Varios
autores destacan la alta comorbilidad de los trastornos de ansiedad
generalizada en el adulto mayor con la depresión, específicamente con la
depresión mayor.
Los diversos
estudios epidemiológicos nos señalan que varios factores están relacionados con
el envejecimiento: aislamiento social, descenso de la autonomía, dificultades
económicas, declive del estado de salud, la proximidad a la muerte, entre otros
por lo que esto nos haría prever un incremento de los trastornos de ansiedad en
los ancianos. A su vez, los mismos son muchas veces atípicos en los adultos
mayores y están infradiagnosticados ya que en parte, los estudios
epidemiológicos están basados en el DCM IV con criterios diagnósticos para
adultos más jóvenes, sin considerar sus particularidades en el anciano y por
otro lado, hay una mayor comorbilidad con trastornos médicos y depresiones, los
ancianos suelen estar polimedicamentados y sufren cambios psicosociales
importantes los que no son tenidos en cuenta muchas veces en los diagnósticos.
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