El
envejecimiento de la población mundial —en los países desarrollados y en
desarrollo— es un indicador de la mejora de la salud en el mundo. El número de
personas con 60 años o más en todo el mundo se ha duplicado desde 1980, y se
prevé que alcance los 2000 millones de aquí a 2050.
Esto
es algo de lo que nos debemos alegrar. Las personas de edad realizan
importantes contribuciones a la sociedad, ya sea en el seno de sus familias,
realizando labores de carácter voluntario o participando de forma activa en la
fuerza de trabajo. La sabiduría que han adquirido a lo largo de su vida los
convierte en un recurso social esencial.
Sin
embargo, estas ventajas van acompañadas de desafíos sanitarios especiales para
el siglo XXI. Es importante preparar a los proveedores de atención sanitaria y
a las sociedades para que puedan atender las necesidades específicas de las
personas de edad. Esto incluye proporcionar formación a los profesionales
sanitarios sobre la atención de salud de las personas de edad; prevenir y
tratar las enfermedades crónicas asociadas a la edad; elaborar políticas
sostenibles sobre la atención paliativa de larga duración; y diseñar servicios
y entornos adaptados a las personas de edad.
Cuanto
antes actuemos, más probabilidades tendremos de lograr que esta transformación
mundial beneficie a todos. Los países que invierten en un envejecimiento
saludable pueden esperar un beneficio social y económico significativo para
toda la comunidad.
Referencia:
http://www.who.int/features/factfiles/ageing/es/
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